Tarjetas de crédito, una mala financiación

Cuando tienes una empresa con varios trabajadores y les das algunos beneficios en su trabajo, uno de los que se suele usar es el de la tarjeta de crédito, es decir, una tarjeta con la que pagar los gastos que generan (por ejemplo, los trabajadores que van de ciudad en ciudad (o en pueblos) visitando las empresas para vender sus productos generan los gastos del coche, sus comidas, etc. con lo que eso a menudo lo paga la empresa usando esas tarjetas).

Sin embargo, decimos que es una mala financiación porque se consume bastante más de lo que realmente se debe gastar debido a que, al ser un dinero que no vemos, no nos damos cuenta de verdad de lo que se está gastando.

Es algo parecido a lo que ocurre con las tarjetas normales, que vas pagando las compras pero que, hasta que no te das cuenta de que tu cuenta ha bajado mucho, no le pones freno a las compras pensando que estás gastando poco.

Las tarjetas de crédito son muy sencillas de usar y quitan tiempo de tener que pagar al contado pero lo cierto es que son un arma de doble filo que en las empresas y entre particulares hay que mirar con mucho detenimiento porque, aunque financian un gasto que tenemos que pagar, lo cierto es que después nos podemos encontrar con una importante sorpresa.

Junto a estar tarjetas también incluiríamos las tarjetas que te permiten un saldo predeterminado (que después hay que devolverlo, obviamente). Es posible que al principio no nos demos cuenta del gasto pero cuando empieza a llegarnos la factura si que lo sentimos.